por qué Rafah se ha convertido en el salvavidas de Gaza

Gaza está al borde de una «verdadera catástrofe», según la Organización Mundial de la Salud (OMS): le quedan menos de 24 horas de agua, electricidad y combustibles. En caso de no comenzar a recibir ayuda humanitaria, los médicos palestinos de la Franja estarán abocados a «preparar los certificados de defunción» de los casi 10.000 heridos, según las autoridades locales, que dejan los bombardeos israelíes diez días después del inicio de la ofensiva sorpresa emprendida por la milicia islamista Hamás.

Más de 2.800 muertos, «las reservas médicas practicamente vacías» y la ayuda humanitaria, sin poder entrar en este territorio palestino «asediado totalmente» por Israel, según Naciones Unidas. Mientras tanto, Jerusalén continúa empujando a los más de 2,3 millones de gazatíes, la mitad de ellos niños, a evacuar el norte de la Franja hacia el sur (donde ya hay cerca de un millón de desplazados hacinados huyendo de los bombardeos, asegura la ONU).

Aviones y camiones cargados con cientos de toneladas de suministros procedentes de países extranjeros aguardan, bloqueados, cerca de la ciudad de Al Arish a la espera de un acuerdo entre El Cairo y Jerusalén que permita su entrada en la Franja. Pero el paso fronterizo de Rafah, permanece cerrado. Limítrofe con la península egipcia del Sinaí, se ha convertido en el salvavidas de los civiles gazatíes -muchos de ellos con pasaportes extranjeros- que tratan de escapar de la guerra. Se trata del único cruce entre Gaza y el exterior que no está bajo control israelí. Sólo existen otras dos zonas de cruce: Erez, al norte de la Franja, y Kerem Shalom, únicamente para mercancías. El país hebreo también los ha cerrado hasta nuevo aviso.

Desde el pasado día 7, Rafah ha sido objetivo de los bombardeos de los cazas israelíes hasta el tres ocasiones. El último de ellos, este mismo lunes, cuando centenares de palestinos y extranjeros esperaban su apertura con la esperanza de huir ante una más que esperada ofensiva terreste israelí. Pero los de Netanyahu descartan cualquier tiempo de tregua: «No hay un alto el fuego ni va a entrar ayuda humanitaria en Gaza», afirmó el gabinete del primer ministro Benjamín Netanyahu.

Ahora, el Ejército de Israel confirma que se prepara para una ofensiva terrestre «a gran escala» con Gaza nunca vista. Un ataque que preocupa en gran medida a la comunidad internacional y, en especial, a Egipto. El día 12, El Cairo solicitó a Israel que detuviera los ataques para que Rafah pudiera servir como «salvavidas» de la población de Gaza y dejó claro que no abriría la frontera hasta que hubiera garantías de seguridad. Eso sí, solamente para la salida de aquellos titulares de pasarporte extranjero y la entrada de ayuda humanitaria, pues las autoridades egipcias sospechan una oleada masiva de refugiados palestinos que huyan de la guerra. También temen que pueda extenderse el conflicto y que militantes islamistas pueda penetrar en su territorio.


Camiones repletos de suministros humanitarios aguardan cerca de la frontera con Gaza, en la ciudad egipcia de Al Arish, para pasar el cruce de Rafah


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En circunstancias normales, tampoco es fácil para los palestinos de Gaza salir de la Franja vía Rafah. La circulación personas y mercancías ha estado estrictamente controlada desde que Hamás tomara el control de Gaza allá por 2007. Desde entonces, aquellos que deseen utilizar este cruce fronterizo deben registrarse ante las autoridades palestinas con un plazo de antelación de dos a cuatro semanas, según la BBC, y su petición puede ser en ocasiones denegada sin previo aviso ni explicación. Según la ONU, en agosto de este año, las autoridades egipcias permitieron 19.608 salidas de Gaza, pero denegaron el permiso a 314 personas.