01
Oct
Chocolate, café, madera y un toque de vinagre. Así describieron visitantes de una biblioteca histórica de Londres el olor de los libros antiguos, una percepción que un equipo científico convirtió en una herramienta para estudiar y conservar el patrimonio escrito. Para muchos lectores, entrar en una biblioteca antigua es una experiencia que empieza por la nariz. Antes de leer un título o tocar un lomo, el aire ya anuncia que se está frente a papeles con décadas o siglos de historia. Ese aroma, difícil de describir con palabras, se convirtió en objeto de estudio para un grupo de investigadores del…
